Oración por nuestros difuntos  

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Nos cuenta la Biblia que Judas Macabeo y sus compañeros, que vivieron un siglo y medio antes de la venida de Jesucristo, lucharon valerosamen¬te frente a los que los perseguían por causa de su fe y costumbres piadosas. Algunos de ellos cayeron en la defensa por estos valores. Al retirar los cadáveres, sus compañeros descubrieron que habían guardado objetos preciosos, ofrecidos a los dioses, y joyas que adornaban los templos paganos. A este pecado, atribuyeron los compañeros vivos su muerte en la batalla. En realidad, no habían sido del todo fieles a Dios. Pero no habían caído en la idolatría, sino en la codicia. Su pecado no los apartaba definitivamente de Dios; era un pecado expiable. Judas y sus compañeros creían en la resurrección, y por eso hicieron una colecta para que se ofreciera en Jerusalén un sacrificio por los pecados de los caídos.

El libro de los Macabeos alaba la conducta de Judas, que ofrece sufragios por los compañeros difuntos. El motivo que lo impulsa a actuar así es la fe en la resurrección: «Si no hubiera esperado la resurrección..., habría sido inútil y ridículo rezar por los muertos».

Este pasaje de la Biblia nos sitúa en los albores de la oración por los difuntos. Y, más concretamente, de la oración bíblica por los que, muriendo en el Señor, por falta de una completa purificación, no pueden gozar plenamente de su felicidad. El texto al que nos referimos es testimonio fehaciente de la vivencia de la «comunión de los santos».

La Iglesia de hoy, como lo hizo desde los primeros siglos, ora por los difuntos. De este modo, expresa su fe en que éstos viven más allá de la muerte. Luego, pone en práctica su convicción en la comunión de los santos. La oración, limosnas y sacrificios de los que peregrinamos en este mundo tienen un efecto saludable para quienes se purifican en la otra vida. De este modo, se hace concreta y eficaz la comunión que reina en todo el Cuerpo místico de Cristo.

En este clima ha de entenderse la piedad y oración por los difuntos. Para la Iglesia y los cristianos, sigue siendo «una idea piadosa y santa rezar por los difuntos para que sean liberados del pecado».

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